viernes, 29 de agosto de 2008

El tiempo, cuan relativo puede ser


Hoy hace ya 11 días desde el último email.

Las ganas de estudiar (o más bien dibujar), que ya eran pocas, ahora son aún menores.

Intento preguntar una cosa a mi hermana y por poco me come, encima de que no me ve casi nunca... cuando me ve se pone... de todo menos contenta.

Y yo aquí, sin saber qué hacer, perdiendo el tiempo, abriendo cada poco el correo para ver si el anhelado email llega de una vez por todas ¿Habrá sucedido algo? No creo que se haya podido olvidar de mí, no creo que todo lo que me decía fuera mentira. Ha de haber una razón.

Y las horas pasan, sin querer pasar, y cuando me doy cuenta ya es otro día. Quiero parar las horas y quiero que llegue ya el añorado email. No sé que quiero, pero sé que estoy empezando a perderme en la desolación de no hacer nada cuando sé que debería estar haciendo otras cosas de mayor provecho.

Y respiro con dificultad al pensar cuanto tiempo he perdido ya, pero tampoco es que me mueva para intentar recuperar el tiempo perdido. Inerte, etérea y especialmente contemplativa, he de pasar a la acción, pero las fuerzas me rehúyen, las intenciones quedan en eso, meras y sutiles intenciones que el viento lleva sin haberse uno siquiera percatado.

La realidad, la cruda realidad, cuán arduo es cambiarla. ¿Dónde está el instinto de lucha, la ambición, el orgullo...? ¿Dónde están? No puedo seguir así, no quiero... no debo.

Y otra vez descubro, este estado es la depresión. Cuando creo haberla dejado atrás me alcanza por la espalda, estoy harta, ya no sé qué hacer.


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