viernes, 6 de agosto de 2010

Conversaciones con Dios

En cuanto llegué a casa este libro me "llamó", me resistí un par de días a empezarlo y lo que me encontré en la primera página fue lo siguiente:

Dios no nos condenará, no importa cuál sea nuestra elección, pero si elegimos la que sugiere, Él está dispuesto a mostrarnos el camino. Sin embargo no nos obligará a aceptar Sus sugerencias. Ni ahora, ni nunca.
Encuentro las palabras de este libro cautivadoras, inquietantes, desafiantes y ennoblecedoras a la vez. Son cautivadoras por cuanto me quitan el aliento con la esfera de acción y la envergadura de su alcance. Son inquietantes en cuanto me muestran a mí mismo - y a la raza humana - en una forma que es muy perturbadora. Son desafiantes porque me fijan un reto como nadie ni nada lo ha hecho antes. El reto de ser mejor, el reto de ser la Fuente de un mundo en el cual el enojo, los celos mezquinos, la disfunción sexual, la injusticia económica, las bufonadas educativas, la desigualdad social y los secretos políticos, las artimañas y los juegos de poder ya no vuelvan a ser parte de la experiencia humana. Son ennoblecedoras por cuanto ofrecen la esperanza de que todo esto sea posible.

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