domingo, 8 de mayo de 2011

Uno mismo y el mundo circundante

Resulta interesante como conseguimos ser el centro de nuestro mundo y como necesitamos (lo queramos o no) gente a nuestro alrededor, y cuanta más mejor.

Tras vivir 4 años sola me he acostumbrado a que nadie ni nada me moleste excepto yo misma y bueno, a pesar de lo frustrante que me pudiese resultar no me quedaba mucho más que tolerarme o intentar cambiar cierto aspectos. Algunas cosas las cambié, volviéndome más maniática respecto a ciertas cosas y menos permisiva respecto a la gente que incumplía lo que me había acostumbrado a considerar las reglas de mi mundo y que debían ser por tanto las reglas de todos (respecto a limpieza, orden...).
Como consecuencia hay mucho en este mundo que antaño pasaba por alto y ahora me irrita.

Me irrito mismamente yo misma al verme actuar tan distintamente con la gente "de siempre" (que bueno, de siempre tendrán lo que quieran tener).
A veces me desagrado con mis comentarios ácidos e hirientes, porque como no me siento a gusto con la gente imagino que quiero alejarles para así no tener si quiera que tratar con ellos y ver ese lado de mi que ya no es el que era.

Puede que debido a que muchas veces no sé de que hablar me veo mencionando siempre los mismos tópicos con diferente gente, y aunque aparentemente no me repito, porque no repito lo mismo a la misma gente (aunque puede que a veces incluso si que lo haga), llega un momento en el que no puedo ignorar mi obsesión por estos tópicos, el problema que tengo con estos temas y que me haga cuestionarme que problema me acarrea a tratarlos "sin descanso".
Añoro las conversación de antaño con la gente de antaño con mi yo de antaño.
Definitivamente estando sola no lo he pasado bien y ha sido arduo contraproducente. Siento que no merece la pena abrirse a la gente, ya no confió, ya no me siento a gusto como antaño estoy siempre como desconfiando; total, para que hacer amigos que vas a perder, porque aunque yo en ocasiones me haya molestado en intentar mantener el contacto no solía ver reciprocidad y por tanto, no sé el mundo, pero yo eso imagino que me hirió mucho más de lo que me gustaría creer.
Y excepto contadas excepciones, me atrevo a afirmar que no tengo amigos de verdad, no como antes, que tenía muchos conocidos, muchos amigos y unos cuantos amigos de los que piensas que durarán toda la vida; algunos de esos que "durarán toda la vida" son los pocos amigos que ahora considero realmente amigos y a pesar de ello, más de la mitad no se molestan apenas en contactarme, si, la relación se mantiene, se deteriora mucho más lentamente que con el resto de la gente, pero no lo neguemos. Se deteriora igualmente.

Hay gente, gente que en momentos contados han creído que unas horas bastaban para conocerme y me han dicho: cuando juegas con tus cuñaditas (10 y 12 años) se nota el gran corazón que tienes y es un corazón que no demuestras con tus coetáneos. Es como si sacasen al ángel que llevas dentro, te purifican - por otro lado me han llegado a pedir: no dejes que se te corrompa el corazón, por favor, tienes que amar y apreciar a todos de esa manera - pero la verdad es que creo que ya era demasiado tarde, el proceso de acritud de mi corazón empezó hace bastante y por ahora cuando estoy con críos por lo visto me renuevo, puede que sea eso lo que necesite pero no me gusta mucho tener que dar el brazo a torcer en esa idea, puesto que sin acabar la carrera me niego a asumir ciertas responsabilidades y por unas cosas y otras puede que aún tarde mucho para poder acabar (y todo para que luego acabe dedicándome a otra cosa, verás)

Exteriorizar, exteriorizar el amargo que hay dentro, para que salga, para que no esté dentro.
Estoy llena de resentimiento, algo de arrogancia seguramente y probablemente una cuanta inseguridad. He decidido de alguna manera no esperar nada de la vida para que así la vida no me decepcione, pero sin nada por lo que luchar no solo me siento vacía, me siento como un náufrago que ha perdido la esperanza, sujeto de un palo en el mar no es capaz de soltarse y morir de una vez por cobardía, puesto que tiene bien presente que está en ninguna parte, solo e ilocalizable y que su hora llegará en cuestión de tiempo; hora a la que espera con prisa pero sin prisa, puesto que todo es un suplicio a la vez que un suplicio es mejor que no estar. Las olas te arrastran puede que al fin del mundo, a ese que no existe pero en el que se creía cuando la tierra se consideraba plana.

Hacerse paso por un corazón corrupto, podrido, lleno de resentimiento, ira, rabia, desprecio, no es tarea fácil y a pesar de que una persona concreta lo está intentando, no con demasiado éxito, no me queda que agradecerle lo que hace, porque es el único cabo de conexión que tengo que tira de mí para que no siga por esa vía de soledad y desamparo en la que nadie se ha enterado que estoy, donde divago sin propósito a un lugar peor cada vez, donde más me encierro y más me alejo de la sociedad. Y puesto que aunque en momentos no me importen ni él ni lo que hace (por mi o en general) en mis momentos más honestos y lúcidos sé lo que hace por mí, incluso a pesar de que en muchos momentos sienta una ardiente tentación de mandarle a freír espárragos; le culpe de muchos de los últimos sucesos que mi vida a sufrido en estos recientes años y a veces le acuse de mi infelicidad.
Esa infelicidad que a veces pesa sobre mis hombros no es más que miedo a ser feliz, en cuando percibo que soy feliz empiezo a cerrarme otra vez, descartándola, para así no arriesgarme a pasar de feliz a infeliz por causas externas, sino que yo decido no ser feliz para no perder luego ese sentimiento y ser herida otra vez, pero a su vez, pensar eso no es agradable, y siempre hay que culpar a alguien. Esa, esa es la naturaleza humana
De una manera u otra creo que esto podría resumirse en que tengo miedo a la vida, a afrontarla y convertirme en la protagonista, disfrutando de cada momento y sin miedo a caer puesto que luego siempre podemos volver a levantarnos. Miedo al fracaso, por eso es mejor no esforzarse.
Puede que sí, puede que no. Puede que sean muchas más cosas, que ahora ni percibo; puede que sea otra cosa y que esto la encubra...

En el fondo me da igual, pero no quiero que me de igual.
Espero no seguir por el lado de la destrucción y con un poco de suerte ir curando poco a poco, todo ese resentimiento, todo ese odio, y así recomponer poco a poco mi corazón para poder aportar cosas positivas a este mundo.
Y con esto al menos algo de todo eso ha tenido lugar, puesto que me siento ligeramente menos oprimida en lo concerniente a mi corazón.

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